El internet de Irán empieza a regresar tras más de 2.000 horas de apagón
Después de meses sin conectividad impuesta por el gobierno, monitores de Kentik, NetBlocks y Cloudflare registraron el martes señales de reconexión parcial en redes de fibra óptica de Teherán.
El martes por la tarde, tras más de 2.000 horas de apagón de internet impuesto por el gobierno iraní, los monitores de conectividad comenzaron a registrar algo que no habían visto en meses: señales de que la red estaba volviendo.
Los expertos de Kentik, NetBlocks y Cloudflare, tres organizaciones especializadas en el monitoreo de infraestructura de internet a nivel global, documentaron la restauración parcial de conectividad en Irán. No fue una reconexión masiva ni una apertura completa. Fue una recuperación fragmentaria, con algunos proveedores de línea fija reconectándose mientras las redes móviles permanecían sin cambios significativos.
El proveedor con la ganancia más visible fue la Compañía de Telecomunicaciones de Irán, cuyo servicio de fibra óptica en la zona de Teherán mostró la mayor recuperación de tráfico documentada hasta el momento. El nivel de acceso, sin embargo, sigue siendo muy inferior al registrado a finales de enero y en los primeros días de febrero, y está dramáticamente por debajo de la conectividad típica del país en diciembre de 2025.
Para entender cómo llegó Irán a esta situación, hay que ir a dos eventos separados que se encadenaron en los últimos meses.
El primero ocurrió en enero. El régimen iraní cerró completamente la conectividad de internet cuando fuerzas del estado reprimieron protestas masivas. Miles de ciudadanos salieron a las calles exigiendo mejoras en las condiciones económicas del país. El gobierno mató a miles de manifestantes y cortó el acceso a internet como parte de esa represión. Según Amir Rashidi, experto en ciberseguridad de Miaan Group, una organización de libertad en internet, alrededor del 50% del tráfico del país permaneció inactivo incluso después de la reconexión parcial que siguió a esas protestas.
El segundo apagón llegó a finales de febrero. Israel y Estados Unidos atacaron militarmente a Irán, y el gobierno cerró completamente la conectividad nuevamente. Desde entonces, los más de 90 millones de ciudadanos iraníes han vivido sin acceso a internet durante la mayor parte de 2026: sin poder comunicarse con familiares en el exterior, sin acceso a información sobre lo que ocurría en su propio territorio, sin capacidad de realizar transacciones básicas que dependen de la red.
El impacto económico ha sido considerable. El apagón golpeó directamente sectores como el comercio electrónico, la banca en línea y las exportaciones de servicios digitales. Negocios que dependen de conectividad para operar llevan meses funcionando en condiciones degradadas o directamente paralizados. La desconexión no es solo ausencia de aplicaciones o redes sociales. Es ausencia de infraestructura.
Rashidi fue cauteloso al comentar la reconexión observada el martes. Según el experto, es demasiado pronto para determinar si la reconexión será permanente. El precedente de enero no es alentador: incluso después de la reapertura parcial que siguió a las protestas, el acceso no volvió a los niveles anteriores al corte. La cifra del 50% de tráfico inactivo se mantuvo durante semanas.
Los monitores de Kentik, NetBlocks y Cloudflare también advirtieron que era prematuro sacar conclusiones definitivas. Algunos proveedores habían vuelto a conectarse, pero el patrón exacto de reconexión y su permanencia no estaban claros. El gobierno iraní no hizo ningún anuncio oficial.
Irán tiene un historial documentado de apagones de internet como herramienta de control político. El corte de conectividad como respuesta a protestas o a situaciones de conflicto ha sido un patrón recurrente durante años. Lo que distingue al episodio de 2026 es la escala y la duración: más de 2.000 horas de apagón sostienen colocan a este corte entre los más prolongados registrados en cualquier país con una población de ese tamaño en la era moderna de internet.
Las organizaciones de libertad digital llevan meses documentando el impacto. Más allá de las cifras de tráfico, hay dimensiones humanas que los monitores no capturan del todo: las familias que no saben nada de parientes en zonas de conflicto, los periodistas que no pueden reportar, los médicos que no pueden acceder a bases de datos o servicios de telemedicina, las personas que no pueden transferir dinero ni pagar servicios básicos que migraron a plataformas digitales.
La conectividad parcial que comenzó a observarse el martes podría ser el inicio de una normalización gradual, o podría ser temporal como en enero. Los monitores seguirán midiendo. Y los más de 90 millones de iraníes esperan, con acceso fragmentario o sin ninguno, que lo que regresó el martes no desaparezca de nuevo.
La historia reciente sugiere que la cautela está completamente justificada.