Josef Prusa acusa a fabricantes chinos de violar la licencia AGPL de PrusaSlicer
El CEO de Prusa Research denunció que Bambu Lab y otros seis fabricantes chinos violan la licencia AGPL-3.0 desde el inicio de sus operaciones, con un plugin de red no auditable.
Josef Prusa lleva años viendo cómo fabricantes chinos con subsidios gubernamentales se comen el mercado de impresoras 3D de escritorio. Esta semana decidió nombrar el problema con más precisión.
En un hilo publicado en X, el fundador y CEO de Prusa Research acusó públicamente a siete fabricantes chinos, Bambu Lab, Anycubic, Creality, Elegoo, Flashforge, Snapmaker y Sovol, de haber violado la licencia AGPL-3.0 de PrusaSlicer desde el inicio de sus operaciones. El caso más flagrante, según Prusa, es Bambu Studio.
Bambu Studio es un fork de PrusaSlicer. Hasta ahí, perfectamente legal: la AGPL-3.0 permite hacer forks y modificaciones. El problema está en lo que Bambu Lab agregó: un plugin de red de código cerrado que se integra con el software y que, al no ser de código abierto, viola directamente los términos de la licencia. La AGPL exige que el software derivado también sea de código abierto. "BambuStudio ha estado violando la licencia AGPL de PrusaSlicer desde su fork, con el mismo plugin de red opaco que está en discusión hoy. ¿Por qué están dispuestos a quemar la buena voluntad por esto?", escribió Prusa en X.
La respuesta oficial de Bambu Lab es que el slicer y el plugin de red son obras separadas e independientes. Prusa rechaza ese argumento: en la práctica, no funcionan de forma separada. El plugin es funcional solo cuando está integrado con el software, lo que lo convierte, bajo la lógica de la AGPL, en una obra derivada.
El debate no es solo técnico ni legal. El plugin cerrado representa además un riesgo de seguridad concreto. Al no poder ser auditado de forma independiente, no hay manera de verificar qué datos transmite a servidores externos. En el contexto de una impresora 3D doméstica o de taller, eso puede significar poco. En un entorno de manufactura, donde los archivos STL pueden contener diseños de productos, prototipos o piezas bajo acuerdo de confidencialidad, la pregunta sobre qué se envía, adónde y a quién deja de ser académica.
El conflicto llegó en un momento especialmente incómodo para Bambu Lab. En paralelo, la empresa envió cartas de cese y desista a un desarrollador independiente que mantiene OrcaSlicer, un fork de código abierto de Bambu Studio. La ironía es difícil de ignorar: una compañía que violó la AGPL de PrusaSlicer amenaza legalmente a un desarrollador que hizo exactamente lo que la licencia permite, forkear el código y publicarlo de forma abierta.
El árbol genealógico de los slicers es complejo pero relevante. OrcaSlicer es un fork de Bambu Studio, que a su vez es un fork de PrusaSlicer, todos construidos sobre el trabajo original de Alessandro Ranellucci en Slic3r. Prusa construyó sobre ese trabajo, publicó PrusaSlicer bajo AGPL, Bambu hizo un fork y cerró parte del código, y OrcaSlicer forkeó a Bambu con código abierto. El problema, de nuevo, está en el eslabón del medio.
Prusa fue explícito sobre el principio en juego: "Tomás de la comunidad, le das de vuelta a la comunidad. Ese es el contrato social." No es una posición nueva en el mundo del software libre. Es exactamente lo que dice la AGPL. Lo que resulta inusual es que alguien lo diga tan directamente y nombrando empresas específicas.
Prusa Research se describe como el último fabricante occidental de impresoras 3D de escritorio que sigue operando de forma relevante. Esa posición es en parte consecuencia de la llegada masiva de fabricantes chinos con precios subsidiados que redujeron los márgenes del sector a niveles que pocas empresas occidentales pueden sostener. Bambu Lab, en particular, transformó el mercado de las impresoras de consumo con máquinas rápidas, fáciles de configurar y a precios que Prusa no puede igualar sin apoyo estatal.
La denuncia pública puede leerse en ese contexto más amplio. No es solo una disputa sobre cumplimiento de licencias. Es una acusación estructural: que los fabricantes chinos construyeron su posición competitiva, al menos en parte, sobre el trabajo de la comunidad open source sin devolver nada a esa comunidad, y además cerrando el código cuando les convenía.
El escrutinio sobre hardware y software de origen chino en contextos industriales viene creciendo desde hace años, según reportó Tom's Hardware. Los slicers de impresión 3D no son infraestructura crítica en el sentido convencional, pero el argumento sobre los riesgos de un plugin de red no auditable aplica con más fuerza a medida que las impresoras 3D se integran en cadenas de manufactura más complejas.
Si Bambu Lab tiene intención de corregir la situación, todavía no lo ha anunciado. Mientras tanto, la comunidad de código abierto está mirando.