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AI 17 de mayo de 2026

OpenAI evalúa acciones legales por su integración fallida con Apple

La empresa proyectó miles de millones en suscripciones cuando cerró el acuerdo en 2024. Dos años después, trabaja con un despacho jurídico para evaluar opciones legales formales.

Crédito: Foto: Justin Sullivan / Staff vía Getty Images News

OpenAI llegó al acuerdo con Apple convencida de que había cerrado el negocio de la década. No era una lectura irrazonable: Apple comparó explícitamente el trato con su contrato de búsqueda con Google en Safari, un acuerdo que vale alrededor de 20 mil millones de dólares anuales. Los ejecutivos de OpenAI proyectaron que la distribución en el ecosistema iOS podría traducirse en miles de millones de dólares en suscripciones nuevas. Era 2024. Hoy, la empresa trabaja con un despacho jurídico externo para evaluar opciones legales formales contra Apple.

Según Bloomberg, un ejecutivo de OpenAI describió el entusiasmo de entonces: "Cuando escuchamos sobre esta oportunidad, sonaba increíble: poder conseguir una enorme cantidad de clientes y tener distribución en un ecosistema móvil tan grande." El mismo ejecutivo señaló que, desde el lado del producto, OpenAI cumplió con lo que se esperaba. La frustración, según la versión de la empresa, está del otro lado.

La integración de ChatGPT en Apple Intelligence fue presentada como uno de los pilares de las novedades de iOS 18 en la WWDC de 2024. En papel, OpenAI ganaba acceso a cientos de millones de dispositivos activos. En la práctica, el sistema tenía fricciones considerables.

Para que Siri redirigiera al usuario a ChatGPT, ese usuario tenía que mencionar explícitamente la palabra "ChatGPT" en su consulta. Sin esa condición, el asistente de Apple no activaba el modelo de OpenAI. A eso se sumaron ventanas de respuesta reducidas que hacían sencillo ignorar los resultados de ChatGPT sin ningún esfuerzo consciente de parte del usuario. La consecuencia fue una integración que técnicamente existía pero que, en términos de adopción real, no generó el volumen que OpenAI necesitaba para que el trato tuviera sentido económico.

Las negociaciones para renegociar las condiciones del contrato se han estancado, reportó Reuters. OpenAI ya rechazó otras propuestas de colaboración con Apple en proyectos de inteligencia artificial, lo que indica que la relación entre ambas empresas llegó a un punto de quiebre difícil de disimular.

Que OpenAI evalúe opciones legales no significa que vaya a demandar a Apple la semana que viene. Los despachos externos de este tipo se contratan tanto para preparar una demanda real como para usarla de palanca en una renegociación. Por ahora, lo que existe es un análisis formal de las alternativas disponibles. Lo que sí está claro es que la comparación con el acuerdo de Google fue, como mínimo, optimista.

Google paga miles de millones para ser el buscador por defecto en Safari y aparece de forma prominente desde el momento en que el usuario abre el navegador. La integración de ChatGPT en Siri requería que el usuario recordara una palabra de activación específica antes de que ocurriera nada. No es el mismo nivel de distribución, y esa diferencia debería haber sido evidente antes de firmar cualquier cosa.

El argumento implícito que OpenAI podría construir legalmente es que Apple diseñó, o al menos permitió, una integración lo suficientemente limitada como para no cumplir los objetivos del acuerdo original. Probarlo ante un tribunal es otro asunto. Apple tiene el hábito de mantener un control estricto sobre las experiencias dentro de su ecosistema, y eso rara vez se ha traducido en obligaciones legales frente a socios.

La situación con Apple llega en un momento de presiones internas para OpenAI. Sam Altman declaró un "código rojo" para recentrar a la compañía en ChatGPT, luego de una serie de iniciativas paralelas que dispersaron recursos y atención. Greg Brockman asumió el control interino de la estrategia de producto después de que Fidji Simo tomara una baja médica. En ese contexto, una integración que no produjo el flujo esperado de nuevos suscriptores no es un problema periférico.

OpenAI tiene una valuación que se mide en cientos de miles de millones de dólares y necesita escalar su base de usuarios pagos para justificarla. La distribución a través del iPhone era, en ese esquema, uno de los vectores de crecimiento más importantes disponibles. El canal no produjo lo que se esperaba.

La pregunta que queda es quién carga con esa responsabilidad. Y si esa pregunta merece respuesta en un juzgado o en una sala de negociación con mejores condiciones sobre la mesa.

Fuentes Ars Technica